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lunes, 18 de febrero de 2019

Palabras con encanto contextualizadas




Vamos a reflexionar sobre algunas palabras locales en su contexto. Este caudal léxico y semántico latente en el pueblo se va a perder y me gustaría que le prestarais atención en boca de vuestros abuelos y vecinos para que descubráis la gracia de estas expresiones en su contexto y el valor de la entonación y los silencios, que son tan elocuentes como las palabras mismas.



Tramojo: (DRAE origen incierto. En su tercera acepción: voz coloquial; trabajo, apuro. El Padre Ortín en su Vocabulario:  congoja, angustia, aflicción, preocupación y apuro).

Contextualización: Tengo un tramojo en el pecho que no me deja vivir.



Reconquija: (no DRAE. El padre Ortín en su Vocabulario: rencor, pesar, reconcomio).

Contextualización: He discutido con mi primo y la reconquija no me deja vivir.



Espindargo: (no DRAE. El padre Ortín en su Vocabulario del Noroeste Murciano: larguirucho, muy alto; adjetivo referido a personas).

Contextualización: La criatura desde el último estirón parece un espindargo.



Escagazar: (no DRAE; sí recoge el padre Ortín esta voz en su Vocabulario referida a "criar niños hasta que ya son grandecitos").

Contextualización: ¡Atiende qué hermoso!, ese ya está escagazao.



Esquife: (no DRAE. Sí recogido por el padre Ortín como "algo muy feo y arisco").

Contextualización: ¡Anda y péinate que pareces un esquife!



Salsero/a: (El DRAE recoge en la cuarta acepción de esta voz que es un coloquialismo murciano que significa "entrometido"; y el padre Ortín la recoge con el significado de "curioso").

Contextualización: Esta mujer es una buena salsera que se recorre todas las casas de la calle a ver de qué se puede enterar.



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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

sábado, 26 de enero de 2019

Palabras con encanto. Chambi, chino




Hay palabras que escuchas con tanta frecuencia que crees que todo el mundo las conoce y nos asombramos al ver que entre las nuevas generaciones ya no tienen hueco.

Chambi: voz muy conocida en el Levante español referida al helado. No está recogida en el DRAE, pero sí en El Diccionario del español actual de Manuel Seco con el significado de "helado entre dos barquillos rectangulares".

Mi padre ha llamado toda su vida "chambi" a lo que nosotros denominamos "corte" y me hacía mucha gracia escucharlo. Me ha sorprendido ver que no se refiere a ninguna marca de helado, sino al helado mismo y su forma.

Los americanos industrializaron el primer helado individual que era un "sándwich" entre dos galletas. Los primeros americanos que llegaron a España buscaban en los carritos de helado el sándwich que comían en su tierra. Un vendedor ideó un molde con muelle y un pequeño soporte o tirador con un mango, por donde se agarraba. Se ponía una galleta, se llenaba de helado y se ponía otra galleta para tapar el helado. Tal vez por deformación de "sándwich" se dijo con el tiempo "chambi" y al que vendía helado en los carritos "chambilero". (https://es-la.facebook.com/HeladeriaLosValencianos/posts/)

 

Chino: nos empeñamos en esta zona en llamar "chino" a lo que otros en otros lugares llaman "cochino", "cerdo", "marrano", "guarro", "gorrino", "cocho", "cuino", "verraco" o "puerco". La RAE no recoge esta voz con el significado que tiene en esta zona de España, pero en la definición de "cochino" dice que un "cochino chino" es el que carece de cerdas, es decir, un cerdo doméstico y no un jabalí.

El padre Ortín en su Vocabulario del Noroeste Murciano recoge que "chino" es un cerdo o un jabalí y es aféresis de cochino.

El DRAE refiere que "chino3" (voz quichua) en América significa persona de ojos rasgados. Pues, bien, tal vez nosotros nos fijamos en cómo tienen los chinos los ojos y, además, suprimimos una sílaba al principio de la palabra (aféresis).

A veces los porqués de los usos idiomáticos responden a cuestiones a las que no se les puede buscar la lógica, porque los hablantes somos así de caprichosos y usamos una palabra o dejamos de hacerlo simplemente por modernidad y esta es la que está acabando con muchas voces locales que a los jóvenes les parecen "recias".




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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

jueves, 6 de diciembre de 2018

Palabras con encanto. Abotargarse, repelos




Si escuchamos a la gente mayor y prestamos atención a su vocabulario, nos daremos cuenta de que estamos perdiendo un importantísimo caudal léxico local que es, junto con las tradiciones, lo que distingue a unos pueblos de otros. Digo pueblos y no exagero, porque ha llegado a mis manos un Palabrero Calasparreño que nada o poco tiene que ver con el nuestro, si es que aceptamos esa denominación. En esta entrada vamos a reflexionar sobre dos palabras que espero que escuchéis a partir de ahora, porque muchas veces nos pasa desapercibido lo que no conocemos.

Abotargarse: Sentir cargazón o pesadez en la cabeza a causa de una enfermedad, fiebre o congestión. Esta es la acepción recogida por el padre Ortín en su Vocabulario del Noroeste Murciano y la que empleamos en Caravaca. El DRAE recoge "abotagarse" (de una raíz romance bott-, de origen expresivo), pero como hinchazón que afecta al cuerpo o parte de él.

Repelo: esta palabra con el significado que le damos en esta zona no está recogida ni en el DRAE ni en el Vocabulario del padre Ortín. Nosotros decimos: "Tengo repelos de frío" cuando notamos escalofríos o sensación de frío antes de que suba la fiebre.

El DRAE recoge "repelo" (palabra procedente de "pelo" más el prefijo "re-") con el significado en su primera acepción de "aquello que no va al pelo" y, si pensamos bien qué es un "repelo", podemos concluir que, cuando sentimos escalofríos, el pelo se levanta, es decir, "no va al pelo"; en la segunda acepción señala: "Parte pequeña de cualquier cosa que se levanta contra lo natural"; además, recoge la locución adverbial "a repelo" con el significado "en contra de la dirección normal del pelo". Podemos concluir que el significado con el que empleamos esta palabra en nuestro pueblo no dista tanto del que muestra el DRAE y que lo que hacemos es una interpretación del mismo.                                                                



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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

sábado, 10 de noviembre de 2018

Lero, regomello. Palabras con encanto




Después de escuchar una serie de palabras a lo largo de nuestra vida, nos pensamos que las conoce todo el mundo. La sorpresa es mayúscula cuando vamos al diccionario y no encontramos esta o aquella voz que hemos oído siempre en nuestra casa, en nuestros vecinos o en nuestros amigos y nos damos cuenta de que aquella persona que en una ocasión puso cara rara al oírnos emplearla tenía razón, porque para ella era la primera vez que la escuchaba. Además, aunque una palabra esté recogida en el DRAE, no tiene por qué ser conocida en toda la geografía nacional, máxime si el diccionario señala que es un localismo.

Lero: voz no recogida en el DRAE con el significado que tiene en esta zona del noroeste de Murcia. Según el padre Ortín en su Vocabulario del Noroeste Murciano, es un sustantivo masculino referido a una araña grande y negra que anida en el suelo, tarántula, cuyo cuerpo de unos tres centímetros de largo es negro por encima y rojizo por debajo, con patas fuertes; vive entre las piedras o agujeros profundos que hace en el suelo, y es venenosa: Lycosa tarantula.

Entre la gente de la huerta se llama lero a cualquier araña grande, especialmente a las arañas de la uva que son grandes y negras, pero no venenosas.

Regomeyo: voz recogida en el DRAE como andalucismo y murcianismo con dos acepciones, la primera se refiere a un sustantivo masculino que expresa malestar físico que no llega a ser verdadero y la segunda, también nombre masculino, se refiere a un disgusto que no se revela al exterior.

Regomello solo se refiere a murcianismo y yo únicamente me quedaría con la segunda acepción del DRAE, porque es lo que yo siempre he entendido que significa esta palabra en el uso que la escucho. El padre Ortín también recoge en su Vocabulario del Noroeste murciano esta voz con el significado de la primera acepción del DRAE y como remordimiento.



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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

jueves, 11 de octubre de 2018

Tartera. Palabras con encanto




En Caravaca la palabra "tartera" se refiere tanto al continente como al contenido, es decir, al recipiente en el que ponemos el guiso y al guiso mismo. Una tartera bien hecha lleva patatas peladas y cortadas por la mitad a lo largo, carne que puede ser conejo, cordero, cabeza de res…, tomate y cebolla cortados a trozos largos, piñones en abundancia, ajos, guíscanos, si es el tiempo, sal, aceite, pimienta molida y un buen chorro de vino tinto. Luego, a la hora de comer la tomamos con ajo en el mortero, que puede llevar yema de huevo o no, pero no le puede faltar ni un buen aceite ni abundante ajo.

Esta acepción, aunque sí la palabra, no está recogida en el DRAE, pero el Vocabulario del Noroeste Murciano del padre Ortín la refleja y dice que es una llanda (voz no recogida en el DRAE), bandeja de hojalata, plana y rectangular. Y nos informa de que es un uso restringido en Caravaca y que está reflejado en algunos vocabularios.

Por lo tanto, lo que para muchos es un asado para nosotros es una tartera; lo que unos conocen como llanda o rustidera, es para nosotros una tartera y ninguna de estas denominaciones es incorrecta, sino que son localismos.

Como anécdota os voy a contar algo que me aconteció hace ya algunos años. En Huéscar de Granada, en el tablón de anuncios de la sala de profesores colgaron el menú para la cena previa a la Navidad que consistía en latas de carnes variadas. Me pareció una oferta sugerente y esperaba con ansiedad ver el nuevo plato cuyo nombre prometía. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me encontré las mesas llenas de tarteras y llegué a la conclusión de que la lata y la tartera eran la misma cosa. En aquel momento aprendí a preguntar por el contenido de sugerentes nombres de platos que pueden contener algo cotidiano y no es que no estén buenos, pero, para comer calabaza frita con cebolla, bastante tengo con la de mi casa.  



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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

martes, 25 de septiembre de 2018

Guíscano. Palabra con encanto




En más de una ocasión he escuchado alguna acalorada discusión sobre si una palabra está bien o mal dicha y he tenido que poner paz porque las palabras deben servir para la concordia y nunca para la contienda.  

Una de estas voces es guíscano que utilizamos aquí para denominar lo que otros llaman níscalo. Un guíscano (Lactarius deliciosus) es un hongo comestible que nace en zonas de pinos y que se cosecha en otoño. El Diccionario de la RAE no recoge esta voz porque es un localismo, pero eso no quiere decir que esté mal empleada. El padre Ortín sí que la describe en su Vocabulario del Noroeste Murciano y señala que se emplea en zonas de Albacete, Granada y Jaén lindantes con el noroeste de Murcia. Anota que es una variante fonética de mízcalo (el diccionario de la Rae señala que esta, a su vez, es una variante de níscalo), de origen posiblemente prerromano.

Por lo tanto, cuando decimos guíscano, mízcalo, nízcalo (no recogido en el DRAE), níscalo, incluso robellón (DRAE: níscalo), nos estamos refiriendo al mismo hongo que en unas zonas, cuando se parte, es de color anaranjado y en otras, rojizo.



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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

viernes, 31 de agosto de 2018

Gajo, solaje. Palabras con encanto




Después de mucho bucear en el diccionario de la lengua de la RAE, primero en papel y ahora en su soporte electrónico, no deja de sorprenderme el hecho de no encontrar palabras que para mí son de uso habitual. Por supuesto que cada lugar, cada pueblo por pequeño que sea, tiene términos particulares que se conocen como localismos y que la RAE define en la cuarta acepción de esta voz como vocablo o locución que solo tiene uso en un área restringida.

Vamos a abordar dos palabras creo que muy conocidas o que, por lo menos, yo manejo muchas veces.

Gajo: Del lat. vulg. *galleus 'semejante a una agalla de roble o de encina'. Esta palabra sí está recogida en el DRAE, pero no con las acepciones con las que la empleamos en esta zona; tampoco hace alusión a las mismas el padre Ortín en su Vocabulario del Noroeste Murciano.

Nosotros llamamos "gajo" al cuerpo del caracol, es decir, a su parte comestible. También se llama así a la avellana o a la almendra, por ejemplo, la gente dice o decía: "Voy a comprar gajo para el alfajor".

 

Solaje: No recogida en el DRAE y sí en el Vocabulario del Noroeste Murciano del padre Ortín como poso, heces de líquidos, sobre todo, del vino y del aceite, acepción con la que nosotros empleamos también este sustantivo.

Esta palabra procede de "suelo" (del latín solum) que significa asiento o poso que deja en el fondo una materia líquida (DRAE) más el sufijo "–aje" (del fr. -age y del occit. y cat. -atge, y estos del lat. -atĭcus) que en la tercera acepción recoge que a veces indica conjunto (DRAE).



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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

jueves, 19 de julio de 2018

Remolajas, remor. Palabras con encanto


Remolajas: esta palabra no la recoge el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Nosotros la empleamos con el mismo significado con el que aparece en el Vocabulario del Noroeste Murciano de G. Ortín de desperdicios, sobras, residuos. Es lo remolido que queda al cortar o pulir algo.

Esta voz se forma partiendo de la raíz del verbo" remoler" remol- más el sufijo -aja (DRAE: del latín –aculus o –aticus y que forma sustantivos con valor entre despectivo y diminutivo).

 

Remor: voz no recogida en el DRAE. La empleamos en esta zona de Murcia con el mismo significado que recoge G. Ortín en su Vocabulario del Noroeste Murciano: dolor sutil y prolongado, sensación molesta no muy aguda.

Según la misma fuente, es una variante metafórica de "rumor" que significa ruido confuso de fondo.



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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

domingo, 1 de julio de 2018

Palabras con encanto

Cuando buscamos en el diccionario de la RAE una palabra y no está, no siempre significa que esté mal dicha porque puede ser un localismo, es decir, una palabra que solo tiene uso en una zona restringida.
Muchas de estas voces se pierden a pasos agigantados con la modernidad y de vez en cuando hay que poner el freno y detenerse a disfrutar de nuestra herencia lingüística. Como muestra vamos a estudiar unas cuantas palabras locales.
Enmestar: esta voz no la recoge ni el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española ni el Vocabulario del Noroeste Murciano de Francisco Gómez Ortín. Sí se hace referencia a ella con el significado que tiene aquí de clasificar, limpiar, cribar en el Diccionario Nerpiano (www.nerpio.org/diccionario/).
En el DRAE sí que está el adjetivo mesto,a (del latín mixtus) con el significado de mixto, mezclado. El prefijo en-(del latín in) interviene aquí para formar el derivado con el significado local de separar.

Mojete: esta voz sí está recogida en el DRAE como derivado de moje que en Aragón y Murcia se refiere a salsa de cualquier guisado. El sufijo –ete del francés -et, se emplea para formar diminutivos, despectivos u otras palabras de valor afectivo a partir de sustantivos y adjetivos. El significado de plato hecho con la carne de la olla (tocino, embutidos varios y la indispensable morcilla) que se pone en el centro de la mesa para mojar con pan, no lo recoge ni el DRAE ni el Vocabulario del Noroeste Murciano de F.G. Ortín.


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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura