jueves, 31 de mayo de 2018

Momentos íntimos. Paisaje

De mañana, con la fresca, se repite el milagro; parece que el tiempo no ha pasado y que el hombre respeta tu virginidad. Cada vez que paseo y piso tu tierra húmeda y tus hojas muertas, siento la sensación de ser la primera persona que lo hace.

Tus remansadas aguas, del color del cielo del momento, reflejan la sombra de ese árbol que parece que quiere acariciarlas con la punta de sus ramas como si de dedos se tratara; o de ese otro que deja pasar un rayo de sol deslumbrante que se clava en tu superficie, llegando hasta tu fondo y dejando ver mejor las hierbas ondulantes que sustentas en tu propio seno.

Los juncos hermosean tu ribera y las toscas invitan al caminante a disfrutar en su descanso de la serenidad que transmites con el remanso de tus aguas.

Eres fuente de vida; esos mismos árboles que te embellecen se alimentan de ti porque, sin duda, son una parte de ti. Sin ellos no serías la misma. Te prefiero de mañana, intacta, y soñar que soy la primera que se adentra en tu inexplorada belleza.



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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

martes, 29 de mayo de 2018

Momentos íntimos. La feria

Con la evidencia de la fiesta llegan los feriantes; las luces nocturnas hacen brillar los papeles de celofán de los envoltorios y eclipsan sus miserias ante quienes pasean y pasan ajenos a su drama. Los columpios, solitarios de día, recobran al atardecer la dignidad del espectáculo. Músicas, luces, niños, turrones, algodones de azúcar, globos, todo un mundo de magia y fábula, de fingida euforia, camufla la aparente invulnerabilidad de estas gentes que con su llegada a los pueblos hacen que se repita el milagro casi fascinante de la diversión. Y año tras año crean la ilusión de un constante espectáculo que oculta sus miserias.  



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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

lunes, 28 de mayo de 2018

Remedios de la abuela. Jarabe para la garganta



Ingredientes:

-Azúcar, tres cucharadas soperas.
-Dos rodajas de naranja o limón.
-Una hoja de laurel.
-El culo de la piel del plátano.
-Manzanilla para cocer o una bolsita de infusión.
Modo de hacerlo:
Ponemos el azúcar en un cazo al fuego y le vamos dando vueltas hasta que se hace caramelo. Le añadimos medio vaso de agua con cuidado porque salta el azúcar. Agregamos los demás ingredientes y dejamos cocer a fuego lento un rato. Cuando veamos que ha reducido y el líquido se ha espesado, lo colamos y tomamos caliente.




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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

sábado, 26 de mayo de 2018

Momentos íntimos. El volumen del recuerdo

En la distancia

mis recuerdos tienen

volumen de ausencia,

y el amor adormilado

espera largas vigilias.

Y yo, impotente,

voy descontando el tiempo

que ha de acercarme

a mi realidad.

Paciente, me alimenta la esperanza

de que mi soledad sea finita,

y me aferro con dientes y uñas

al volumen incorpóreo de tu recuerdo.



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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

Mamá, ¿es que te crees que soy tonta/o?

Los huevos son un alimento muy completo, pero hay que tener en cuenta varias cosas antes de consumirlos:
1-Los huevos se pueden guardar en el frigorífico o fuera, en lugar fresco, aunque te aconsejo que los pongas en el frigorífico.
2-La fecha de caducidad es orientativa. Si el huevo está pasado de fecha, pero presenta buen aspecto, lo puedes consumir.
3-Si el huevo es de corral hay que lavarlo con agua y jabón antes de consumirlo. Si se va a tardar rato en abrirlo, sécalo porque, como la cáscara es porosa, puede penetrar la suciedad.
4-Si se consume huevo crudo en alioli casero, sacarlo del refrigerador cuando se vaya a consumir y, para evitar problemas, no guardarlo de un día para otro.
5-Para saber si un huevo está fresco, ábrelo en un plato y, si la yema está entera, puedes consumirlo. Cuanto más alta y dura esté la yema, más fresca será. Si abres el huevo y se rompe la yema sola (no la has roto con el cascarón), lo mejor es que lo tires porque ese huevo no está fresco.  



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Encarna Reinón Fernández
Profesora de Lengua Española y Literatura

miércoles, 23 de mayo de 2018

Mamá, es que te crees que soy tonta/o?



-Si pones aceite a calentar para freír algo, ten cuidado porque, si le cae agua, salta y te puedes quemar.
Si te quemas, ten siempre a mano gel de aloe vera para cubrir la quemadura. Si te vas echando con mucha frecuencia, el quemado irá perdiendo calor y no te saldrá ampolla.
-Si tienes la mala suerte de que se enciende el aceite en la sartén, nunca lo pongas debajo del grifo, mejor apagas el fuego y cubres la sartén con una tapadera. Y no te preocupes porque todos hemos pasado alguna vez por una situación así o parecida.

Encarna Reinón Fernández
Profesora de lengua española y literatura  

lunes, 21 de mayo de 2018

Justificación del presente trabajo

Este trabajo nace de la curiosidad que siempre he tenido por las cosas del pueblo y por buscarles una explicación coherente. No es fácil recoger datos sobre el mote que cada uno lleva y por qué se lo dicen. Hay personas que aceptan el calificativo y responden con agrado y, precisamente, son esos apodos los que reflejo en este trabajo. Siguen archivados los motes de los que contestaron que "no" aceptaban que se los dijeran. Algunos, incluso, manifestaron su enfado e impotencia porque no entendían que la gente disfrutara con su rabia. Yo creo que hay que respetar siempre los sentimientos de las personas y me consta que algunos, que llevan muy mal su mote, sufren con la malicia e ironía del pueblo.
 Cada uno de los entrevistados, cuyo mote está reflejado en este trabajo, respondió a la pregunta de si lo aceptaba con un sí. Los datos fueron recogidos en los años 1994-95 por alumnos de la antigua FP, actual IES Ginés Pérez Chirinos, amigos personales, familiares y por mí misma. Recuerdo el mosqueo que mostraron algunos interpelados y, también, la satisfacción de quien podía facilitarte los datos que le pedías. Algunas respuestas, como se puede comprobar, son escuetas, pero otras contienen desarrollo.
Se quedan muchos motes sin recoger, pero la dificultad es grande cuando se pregunta por qué llevan el alias o quién fue el primero de la familia en tenerlo. Se podría hacer un listado de motes, pero ese no es el objetivo de este trabajo. 


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Encarna Reinón Fernández
Profesora de lengua española y literatura  

Motes de origen reciente

Los motes aquí expuestos son aceptados por quienes los llevan. Junto a ellos va su explicación.
Ajo: Juan José El Ajo. Lo llamaban Juanjo y se quedó con "Ajo".
Berrinches: Juan Antonio El Berrinches. Se cabrea muy pronto, no acepta una broma y no hace nada más que renegar.
Bobi: Ramón El Bobi. 
Canterín: Juan Antonio El Canterín. Por el apellido.
Chocolate: Antonio El Chocolate. Le encanta el "chocolate".
Chovi: Francisco Javier El Chovi y El Pelucas. El primer mote no se sabe el porqué; el segundo se debe a que lleva el pelo largo.
Fafi: Francisco Javier Fafi. Le decían Francis, pero su sobrino pequeño no sabía decirlo y en su lugar pronunciaba "Fafi" y los amigos lo convirtieron en mote.
Ministerio: Antonio El Ministerio. A un comentario que hizo en la escuela.
Perillas: Francisco El Perillas. Cuando nos juntamos los amigos hay dos "Pacos" y, para distinguirlos, al que lleva perilla le decimos Paco Perillas.
Rana: Salvador El Rana. Tiene los ojos saltones.
Torero: Antonio El Torero. Fue maletilla de joven y se le quedó el mote.
Estos motes y algunos de los reflejados en apartados anteriores fueron recogidos por alumnos de FP en el curso 1994-95 del actual IES Ginés Pérez Chirinos. En las fichas de recogida de los alias expuestos en este apartado, señalaban como profesión de quien llevaba el mote la de estudiante. Seguramente alguno de ellos se reconocerá, espero que siga aceptando el calificativo que en aquellos años le adjudicaron sus amigos. Pasado el tiempo, quiero darles las gracias por su colaboración en la recogida de datos.


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Encarna Reinón Fernández
Profesora de lengua española y literatura  

Motes de origen vario (III)

Los motes que expongo a continuación están aceptados por quienes los llevan. Junto a cada uno de ellos está su explicación.
Pantalona: Cruz La Pantalona. Su bisabuelo salió con un pantalón corto y la gente dijo: "¡Mira qué pantalón!".
Papirusa: Anita La Papirusa. Cuando era joven, vivía en Barcelona con sus padres y tras la guerra volvieron a Caravaca y sus padres pusieron una perfumería. A Anita le gustaba este nombre que tenía una perfumería en Barcelona y se lo pusieron a la suya.
Pato: Miguel El Pato, también El Zorrilla. "Pato" porque su padre era requirior  (requeridor o encargado de gestionar el agua de las acequias de riego. Esta acepción no la registra el DRAE, pero sí El Vocabulario del Noroeste Murciano de F.G. Ortín) y atravesaba los tablados en las regueras y dejaba sin agua al resto de la heredad. Entonces, el padre de "El Cañota" le decía que era un "pato" puesto que siempre estaba metido en el agua. "Zorrilla" porque, como le gustaban los temas intelectuales, un día un amigo suyo lo comparó con el escritor "Zorrilla" (autor del conocido Don Juan Tenorio).
Perla: María La Perla. Cuando su hermano era pequeño, su padre le decía: "¡Qué hermosa perla tengo en mi casa!". A algunos componentes de la familia les dicen los "Joyas".
Perráneo: José El Perráneo. Su madre crio a un hermano suyo y al hijo de Antonio Guerrero, que era pedáneo. Los críos tiraban piedras a lo demás niños y decían los otros: "¡Ya vienen los pedáneos!", y por deformación "perráneos".
Pillapájaros: Julián El Pillapájaros. Cuando era joven, salía a poner cepos y trampas a los pájaros.
Rojo invierno: Juan El Rojo invierno.  Un día de invierno salió su padre a la calle y dijo, en vez de: "¡Qué frío hace!", "¡qué día de invierno hace!".
Salvamé: Francisco El Salvamé. Su abuelo Rafael cantaba por la calle en los Vía Crucis: "Sálvame Virgen María"; como al cantar, la palabra se acentúa en la "e", por eso le decían "El Salvamé".
Tubos: Emilio El Tubos. Su padre llevaba los pantalones ceñidos.
Tece: Encarnación La del Tece. Su abuelo, cuando jugaba, no sabía pronunciar trece.
Perlargón: Salvador El Perlargón. De pequeño estaba muy regordete y se le parecía al niño gordito de la foto de la leche para bebés "Pelargón"; la "r" se la ha puesto el pueblo por asimilación con la que lleva la palabra y para facilitar la pronunciación.
Zorra. Pepa La Zorra. Su abuelo trajo un zorro al pueblo.
Zorro: Antonio El Zorro. Sus  abuelos cazaban zorros y los mataban.



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Encarna Reinón Fernández
Profesora de lengua española y literatura  

Motes de origen vario (II)

Los motes que expongo están aceptados por quienes los llevan. Junto a cada uno va su explicación.
Corsario: Pedro El Corsario. Un día que jugaba a los dardos hizo una gran jugada y, como vestía de negro y llevaba barba fina como El Corsario Negro de los cómics, uno de los presentes le dijo que se parecía a él.
Coscorrona: Juana María La Coscorrona. Su abuelo o bisabuelo en misa se dio un capón en la pila bautismal y a partir de ahí "El Tío del Coscorrón".
Cuchara: Antonio El Cuchara. Su bisabuelo era tratante de frutas y en una ocasión contrató a un grupo de trabajadores para coger fruta y a la hora de comer faltaba una cuchara. Él entregó la suya al que no tenía y con el pan a modo de cuchara comió. A Partir de ese momento le empezaron a decir "El Tío de la Cuchara".
Faralá: Domingo El Faralá. Su abuela llevaba los vestidos con farandolas (volantes).
Garayo: Antonio El Garayo. Jugaba al fútbol en los tiempos de Garay, famoso futbolista, y empezaron a decirle "Garayo".
Golosina: Su abuelo llevaba una finca, El Carrascal, y había un vecino que le tenía envidia. Un día el vecino le dio un palo y lo dejó ciego. Después él lo perdonó. Ciego, se llenaba los bolsillos de caramelos y paseaba calle arriba, calle abajo y daba a los niños golosinas. De ahí "El Tío Golosina".
Gorraesparto: José El Gorraesparto. Su padre estaba en la huerta con la gorra puesta y se le rompió y, entonces, cogió esparto y se la cosió.
Hombrecico: Francisco El Hombrecico. Cuando era pequeño, era muy formal y su madre le hizo un traje como el de un hombre y parecía un "hombrecico".
Huérfano: Felipe El Huérfano. De pequeño se quedó "huérfano".
Mochuelo: Sebastián El Mochuelo. Su abuelo cogía pájaros para comérselos y un día que estaba en lo alto de una tapia buscando nidos pasó un amigo y le dijo que parecía un "mochuelo".
Monecillo: Juan El Monecillo. Era monaguillo en la iglesia.
Musia: Antonio El Musia. Cuando era pequeño don Joaquín Jiménez Girón lo veía en la fragua y le decía "musa o muza", que según ese señor es palabra árabe que significa agua, y la gente lo degeneró.
Palanquín: Pedro El Palanquín. Cuando estaba labrando su padre, cayó con el tractor por un barranco y tuvieron que remolcarlo.
 


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Encarna Reinón Fernández
Profesora de lengua española y literatura